Aunque pequeña, Grecia tiene mucha variedad regional. Las islas trabajan el pescado y el marisco: pulpo a la brasa, sardinas, ensaladas con alcaparras y queso fresco. Creta tiene una de las dietas más estudiadas del mundo, con muchas verduras silvestres (horta), aceite de oliva en abundancia y queso graviera. El norte continental, con influencia balcánica, ofrece guisos más contundentes: stifado, kleftiko, pasteles salados de masa filo. La península del Peloponeso defiende el cordero, los higos y los aceites premiados. Técnicas clave: la parrilla (souvlaki, pescado entero), el horno con tomate y orégano (briam, gemista), las masas filo finísimas para spanakopita y tiropita, y los guisos lentos con cebolla, vino y canela como el stifado. El yogur colado, el queso feta y el orégano seco son omnipresentes.
El ouzo, anisado y servido con hielo, es el aperitivo nacional: se enturbia al echarle agua y acompaña meze fríos como pulpo o feta. Para vino, los blancos griegos como Assyrtiko (Santorini) son magníficos con pescado y ensaladas; los Moschofilero, más florales, van bien con verduras. Tintos como Agiorgitiko o Xinomavro acompañan cordero y guisos. La cerveza fría tipo Mythos funciona con souvlaki en verano. De acompañamiento, pan de pita, patatas al limón al horno, tzatziki, ensalada horiatiki (la "griega" de verdad, sin lechuga). De postre, yogur con miel y nueces, sandía con feta, o un trozo de baklava con café griego.
Comparte la base mediterránea pero tiene sello propio: muchísimo aceite de oliva (de los más altos del mundo per cápita), uso intensivo de feta y yogur colado, orégano seco como hierba estrella, masa filo en pasteles salados y dulces, y la cultura de los meze. También se nota la influencia turca y balcánica en platos como la moussaka, los dolmades o el baklava, que tienen primos en toda la zona pero versión griega propia.
Aceite de oliva virgen extra de calidad (idealmente griego), feta auténtica de oveja, yogur griego espeso, aceitunas Kalamata, orégano seco, limones, ajo y pan de pita. Añade tomate maduro, pepino, cebolla roja y huevos. Con eso haces ensalada griega, tzatziki, huevos al horno con feta y pollo a la plancha en 20 minutos. La masa filo congelada abre la puerta a spanakopita y tiropita.
Realmente no: el feta es el alma del plato. Si no encuentras feta auténtico, busca un queso de oveja en salmuera tipo bulgaro o turco, que se le acerca mucho. Evita usar queso fresco tipo Burgos o mozzarella, porque cambian totalmente el plato. La feta de cabra también funciona aunque es más suave. Y recuerda: la ensalada griega tradicional no lleva lechuga, solo tomate, pepino, pimiento, cebolla, aceitunas y feta encima.
Muy buena, en parte porque la tradición ortodoxa tiene muchos días de ayuno sin carne y eso ha generado un recetario vegetal enorme: gemista (verduras rellenas de arroz), spanakopita, fasolada (sopa de alubias), gigantes plaki, briam, dolmades vegetarianos. Las legumbres y los lácteos aportan proteína. Para veganos hay que adaptar (el feta y el yogur están en muchos platos), pero la base de aceite, verdura y legumbre es muy amigable.
Un souvlaki de pollo con tzatziki, ensalada griega y pan de pita está en la mesa en 25 minutos, sobre todo si el pollo se ha marinado por la mañana. Una tortilla griega con feta y verduras, en 15. Los platos al horno como moussaka, gemista o kleftiko piden 1-2 horas y son más para el fin de semana. Para entre semana, parrilla y meze fríos son la combinación ganadora.