Estados Unidos cocina muy distinto según la zona. El sur es la cuna del barbecue (cada estado defiende su salsa), del fried chicken, del cornbread y del soul food afroamericano: collard greens, mac and cheese, gumbo. Nueva Inglaterra trabaja el marisco: lobster roll, clam chowder, baked beans. El medio oeste es tierra de carnes a la parrilla, pies de manzana y casseroles. Tex-Mex y Cal-Mex aportan fajitas, burritos, chili con carne y nachos. Luisiana mezcla francés, africano y caribeño en jambalaya, étouffée y po'boys. Nueva York defiende su pizza, sus delicatessen judíos y sus bagels. Las técnicas comunes son el ahumado lento (low and slow) para barbecue, las frituras crujientes con buttermilk, las parrillas al carbón, los horneados de tartas dulces y saladas, y los glaseados con miel, mostaza, ketchup o bourbon.
La cerveza es la bebida natural: una IPA con barbecue, una lager con hamburguesa, una stout con costillas. Para vino, un Zinfandel californiano potente acompaña carnes a la brasa; un Chardonnay con mantequilla queda bien con marisco de Nueva Inglaterra. El bourbon, solo o en cóctel (old fashioned, mint julep), es muy americano. De acompañamiento, patatas fritas caseras o boniato asado, coleslaw fresca, ensalada césar, mazorcas de maíz a la parrilla, baked beans, cornbread. De postre, los grandes clásicos: cheesecake, tarta de manzana con helado, brownies, cookies recién hechas. Es cocina pensada para compartir y no escatimar.
Es una cocina de fusión nacida del cruce de tradiciones: africana, británica, alemana, italiana, mexicana, judía, asiática, todas mezcladas con productos del territorio (maíz, calabaza, alubias, carne de vacuno, pavo). Destaca por sus barbecues regionales, su cultura de los desayunos abundantes (pancakes, huevos, bacon), sus tartas dulces y por una enorme tradición de comida casera reconfortante: meatloaf, mac and cheese, pot roast, casseroles.
Apuesta por las recetas caseras de toda la vida: una buena hamburguesa con carne picada de calidad y pan brioche, costillas al horno con un glaseado de miel y mostaza, un mac and cheese con queso de verdad rallado en casa, alitas marinadas y horneadas, ensalada césar con pollo a la plancha. La diferencia entre el cliché grasiento y la cocina americana real está en hacer todo desde cero con buenos ingredientes.
Sí. Para costillas, marina con un rub seco (pimentón, azúcar moreno, ajo, cebolla, comino, sal, pimienta) y hornéalas a 150ºC durante 2-3 horas envueltas en papel; al final, glasea con salsa BBQ y dora bajo el grill. No tendrás humo real, pero sí la textura y el sabor. Un toque de pimentón ahumado o unas gotas de "liquid smoke" simulan el ahumado. Para hamburguesas y filetes, una sartén de hierro fundido bien caliente funciona casi igual que la parrilla.
Más de las que parece. Las cocinas californiana y del Pacífico noroeste apuestan por verduras frescas, pescado salvaje, granos integrales y ensaladas potentes (Cobb, Caesar, grain bowls). El soul food incluye verduras de hoja verde estofadas. Pavo asado, salmón a la parrilla, chili con muchas alubias y verduras, boniato al horno: todo eso es cocina americana cotidiana y perfectamente equilibrada. La fama de pesada viene del fast food, no de la cocina casera.
Hamburguesas caseras con patatas al horno, en 30 minutos. Pollo a la plancha estilo BBQ con coleslaw, en 25. Mac and cheese desde cero, en 30. Tacos estilo Cal-Mex, en 20. Lo que lleva tiempo es el barbecue de verdad —brisket, pulled pork, costillas low and slow— que pide entre 4 y 12 horas y son cosa de fin de semana. Para entre semana, pensar en parrilla rápida, sándwiches potentes y bowls de cereales con proteína.